Sectas / Relaciones sectarias

Una relación sectaria es toda aquella relación en la cual una persona induce de manera intencional a otra a depender casi o totalmente de él/ella en relación a decisiones vitales, inculcando en sus seguidores la convicción de que él/ella posee un talento especial, un don o unos conocimientos superiores.

Cuando hablamos de sectas nos referimos a grupos o movimientos de estructura piramidal, donde por encima de todo se sitúa la figura de un líder carismático autoproclamado. El líder puede ser una persona o un grupo pequeño de personas; puede ser un hombre o una mujer.

Una suposición frecuente es pensar que una secta es un grupo muy pequeño o exclusivamente religioso. La experiencia nos muestra que no es así: una secta puede ser muy numerosa o tener tan sólo una decena de adeptos. Por otro lado, las sectas pueden presentarse de formas muy diversas: como asociaciones civiles, culturales, grupos científicos, religiosos, filosóficos, políticos, terapéuticos, de crecimiento personal, etc. Es decir, no es el número de personas, ni sus doctrinas lo que define a una secta.

Lo que caracteriza una secta son toda una serie de procedimientos encaminados a fomentar la devoción y dedicación ciega entre sus miembros (adeptos) hacia una ideología específica y/o hacia el propio líder. Para ello, las sectas tienden a desplegar procedimientos de influencia coercitiva sobre la mayoría de sus miembros (manipulación psicológica) y se encaminan a controlar varios aspectos de la vida de sus seguidores. De hecho, los procedimientos manipuladores de las sectas desembocan frecuentemente en la instauración de un trastorno de dependencia patológica entre los adeptos, aunque pueden aparecer otros trastornos. El hecho de que la dimensión de manipulación sea central en estas dinámicas de relación, es lo que nos ha llevado a redefinir estos grupos en términos de grupos de manipulación psicológica.

Por lo general, las sectas se defienden argumentando que “son perseguidas por sus creencias”. No debemos perder de vista que el problema de las sectas no son sus ideas sino sus prácticas basadas en la ocultación, el engaño y el control de la personalidad. Los principales motivos de preocupación hacia las sectas son los siguientes:

  • Desarrollan una ideología radical y con rasgos intolerantes.

  • Muestran una estructura jerárquica autoritaria, bajo la forma de un “líder-gurú” o de una organización que ha legado el mensaje del fundador.

  • Reivindican una referencia exclusiva a su propia interpretación de la realidad, incluyendo pautas específicas sobre las creencias, la ética, los comportamientos cotidianos, las relaciones personales y los medios necesarios para conseguir los fines del grupo.

  • Generan rupturas en diferentes ámbitos, como por ejemplo, con formas de pensar previas, con convicciones anteriores, con relaciones afectivas, etc.

  • Defienden un modelo estándar de transformación de las personas, sin tener en cuenta las diferencias individuales ni la autonomía personal.

  • Utilizan a las personas como instrumentos, empleando sus capacidades y recursos en beneficio de los objetivos ocultos del grupo.

  • Emiten promesas de todo tipo: desarrollo personal, mejora de las relaciones, poder económico, sanación, etc.

  • Enmascaran sus finalidades reales, que no coinciden con las que ofrecen externamente.

  • Explotan las inquietudes y las necesidades de las personas, favoreciendo simultáneamente sentimientos de culpabilidad, miedo al abandono del grupo, etc.

  • Comportan unos riesgos variables en relación con la autonomía personal, la salud, la educación, etc.

Recomendaciones
  • Busca información sobre el grupo o actividad a la que acude la persona.

  • Procura mantener el contacto con esta persona, el grupo intentará alejarla de personas significativas externas al grupo.

  • No es aconsejable enfrentarse discutiendo, fomenta el diálogo tolerante sobre diferentes puntos de vista y da ejemplo mediante la reflexión respetuosa.

  • Evita expresiones como “estás en una secta” o “te están lavando el cerebro”, harás que la persona se cierre y no hable.

  • Ten en cuenta que padece una alteración inducida por el grupo, respeta su situación, pero no favorezcas con tu conducta esta dependencia, ni permitas que se aproveche de ti.

  • Pon en duda aquello que te dice de forma respetuosa, ya que puede ser fruto de la desinformación o puede ocultar, modificar, no recordar o ser parcialmente consciente de lo que está sucediendo.

  • Ten paciencia y no cedas a las presiones y obstáculos que pone el grupo.

  • Evita situaciones de confrontación con el grupo.

  • Apunta datos, informaciones y hechos que consideres de importancia relacionados con el grupo y la persona, que puedan ayudar a entender la realidad concreta del problema, resolver su dependencia y favorecer su salida.

  • Pide consejo a personas de confianza, no te avergüences por ello.

  • Solicita ayuda de un profesional competente. Asegúrate de la experiencia en otros casos del profesional.

  • Asegúrate de la formación del profesional. Ten en cuenta que existen falsos profesionales (charlatanes), profesionales autoproclamados e incluso grupos sectarios que pretenden “asesorar en sectas”.

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Falsas ideas sobre las sectas

La gente tiene una serie de ideas sobre las sectas que no siempre se corresponden con la realidad. Parte de estas ideas falsas proviene de la propaganda que hacen las propias sectas; otra parte emana de estudios realizados por profesionales en defensa de las sectas; y la parte restante procede de actitudes personales, como de aquellos que dicen: “Esto nunca me podría suceder a mí”.

“Las sectas son opciones religiosas”
No es exacto. Existen muchos tipos de sectas, no solamente religiosas. Las sectas no presentan problemas por sus creencias, sino por sus actuaciones. Por otro lado, religión y secta no es lo mismo. Las sectas tienden a hacer apología constante de sus ideas y se defienden diciendo que se les ataca debido a sus doctrinas.

“La gente entra en una secta porque quiere”
Esto no es del todo exacto. Aunque hay personas que entran en una secta por cierta curiosidad y otras que lo hacen para buscar algo que sienten que les falta, lo más habitual es que los adeptos sean reclutados en un momento sensible de sus vidas.

“Ya se le pasará, es un momento de su vida”
Pese a que a veces las personas pueden contactar con una secta y no entrar en ella, lo cierto es que uno de los objetivos de una secta es retener a las personas el máximo tiempo posible.

“La gente que entra en una secta ya tenía problemas previos”
A veces, algunos miembros de sectas ya tenían problemas previos, pero no se puede generalizar. La experiencia muestra que, en buena parte, la gente que entra en una secta no tenía problemas psicológicos antes de entrar.

“Las sectas son fáciles de detectar, a mi no me engañan”
Entrar en una secta no depende de una cuestión de inteligencia, puesto que ingresan en ellas personas inteligentes y con un buen nivel cultural. Las sectas no son tan fáciles de detectar. No hay que olvidar que estos grupos se dirigen a la parte emocional de las personas.

“La gente que está en una secta está loca y las sectas hacen locuras”
Las personas que están dentro de una secta suelen ser buena gente, de buen corazón, con ganas de ayudar a los demás. No están locas.

Factores de riesgo

Entrar en una secta o en una relación sectaria no es cuestión exclusiva del azar, de una elección personal ni de una enfermedad mental. La experiencia acumulada muestra que la gran mayoría de personas que se vinculan a una secta lo hacen en momentos de crisis en sus vidas (por ejemplo, ruptura de pareja, duelo por la muerte de un familiar, paro, soledad, etc.). Todo el mundo pasa en su vida por momentos de crisis personal; en estas situaciones, somos más vulnerables a posibles agentes de influencia externa.

Tanto la investigación realizada como la ayuda a familiares, miembros y ex miembros de sectas muestran que no existe un perfil único de adepto. Las sectas seducen porque despliegan un programa que se presenta como sumamente atractivo y prometedor. Aparentemente, ofrecen la oportunidad de satisfacer necesidades vitales como la pertenencia a un grupo basado en la amistad, la fraternidad y la solidaridad. De este modo, la persona que empieza a entrar en contacto con una secta tendrá la sensación de conectar con algo diferente, de ser parte de un proyecto importante, de pertenecer a un grupo o que su vida toma un sentido trascendente.

Inicialmente, una secta puede generar un cierto grado de beneficio personal al adepto, puesto que su nivel de sufrimiento se habrá mitigado: no tendrá preocupaciones vitales y vivirá en una falsa seguridad psicológica. En este proceso, el grupo despliega prácticas manipuladoras y engañosas (p.ej., aislamiento de la familia y las amistades previas, la debilitación, el empleo de métodos específicos para incrementar la sugestionabilidad y la obediencia, la presión de grupo, la gestión de la información, la suspensión de la individualidad y de la capacidad crítica, la promoción de una total dependencia del grupo y el miedo a abandonarlo, etc.), bajo el pretexto de ayudar a la persona, de forma que difícilmente podrá abandonarlo, tanto por los supuestos beneficios que recibe como por la presión a que se lo somete.

Aunque estos grupos pueden atraer a personas de todas las edades, la franja de edad de mayor riesgo sigue siendo la adolescencia y primera juventud. Así, junto a momentos de crisis vitales o de un estrés intenso, podemos encontrar otros elementos de vulnerabilidad ante las propuestas de una secta: tener una personalidad dependiente, falta de habilidades de relación, baja tolerancia a la frustración, sentimientos de alienación, idealismo, carencias emocionales y/o espirituales importantes, sistemas familiares conflictivos, etc.

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